IV. Antimicrobianos · Capítulo IV.3

Pruebas de Sensibilidad Antibiótica

Ninguna bacteria trae una etiqueta que diga a qué antibiótico es sensible. El antibiograma es la pregunta directa que el laboratorio le hace a cada aislamiento antes de que el clínico elija el tratamiento.

~19 min de lectura

1Por qué es necesario estudiar la sensibilidad

Frente a una enfermedad infecciosa, es indispensable conocer la sensibilidad del germen involucrado a los antimicrobianos disponibles. Si bien ciertas bacterias tienen patrones de sensibilidad o resistencia natural predecibles (capítulo IV.2) —que permiten anticipar el tratamiento sin necesidad de estudio adicional—, en muchos otros casos es imprescindible estudiar la susceptibilidad antibacteriana específica de ese aislamiento particular desde el laboratorio, precisamente porque la resistencia adquirida no es predecible de antemano.

2Técnicas cualitativas: antibiograma por difusión (Kirby-Bauer)

El antibiograma por difusión en agar (técnica de Kirby-Bauer) enfrenta a la bacteria (previamente aislada en cultivo puro, capítulo I.4) con discos de papel impregnados de distintos antibióticos, colocados sobre una placa sembrada uniformemente con la bacteria en estudio. Tras 18-24 horas de incubación, se mide el diámetro del halo de inhibición del crecimiento alrededor de cada disco: un halo amplio sugiere sensibilidad (el antibiótico difundió y controló el crecimiento a distancia del disco); la ausencia de halo, o un halo muy pequeño, sugiere resistencia. El resultado se compara contra tablas de referencia estandarizadas para clasificar el aislamiento como sensible, intermedio o resistente a cada antimicrobiano probado.

3Técnicas cuantitativas: CIM y CBM

Las técnicas cuantitativas determinan directamente la concentración inhibitoria mínima (CIM) —la mínima concentración de antimicrobiano capaz de inhibir el desarrollo bacteriano visible— o la concentración bactericida mínima (CBM) —la mínima concentración capaz de matar a la bacteria, no solo de inhibir su crecimiento—. El método clásico enfrenta una suspensión bacteriana estandarizada con diluciones seriadas del antibiótico en caldo de cultivo; tras la incubación, se observa la presencia o ausencia de turbidez (que indica crecimiento bacteriano), definiendo la CIM como la concentración más baja en la que no se observa turbidez.

El E-test es una variante cuantitativa que combina la lógica de difusión en agar con la determinación numérica de la CIM: utiliza tiras de plástico inerte que incorporan un gradiente continuo de concentración del antimicrobiano a lo largo de su longitud; al colocarlas sobre el cultivo, se forma una elipse de inhibición cuyo punto de intersección con la tira permite leer directamente el valor de CIM en una escala impresa — una alternativa menos engorrosa que las diluciones seriadas tradicionales, con buena reproducibilidad.

¿Por qué la CIM aporta información clínica que el antibiograma por difusión (Kirby-Bauer), pese a ser más simple y económico, no puede ofrecer directamente? El antibiograma por difusión clasifica el resultado en categorías (sensible/intermedio/resistente) basadas en el tamaño del halo de inhibición, una medida indirecta y cualitativa de la respuesta bacteriana al fármaco. La CIM, en cambio, aporta un valor numérico exacto: la concentración mínima real necesaria para inhibir a esa bacteria específica. Esta diferencia importa clínicamente en al menos dos situaciones concretas: primero, permite comparar ese valor directamente contra la concentración del fármaco que realmente puede alcanzarse en el sitio de la infección (recordando la definición de resistencia del capítulo IV.2, que depende exactamente de esa comparación) — una bacteria puede clasificarse como "sensible" en la categoría general del Kirby-Bauer, pero si su CIM específica está cerca del límite superior del rango considerado sensible, y el sitio de infección tiene mala penetración del fármaco (por ejemplo, el sistema nervioso central o un absceso mal drenado), el tratamiento podría fracasar igualmente en la práctica. Segundo, permite ajustar la dosis del fármaco de forma más precisa en infecciones graves o en pacientes con farmacocinética alterada, donde alcanzar una concentración por encima de la CIM específica —y no solo "estar en la categoría sensible"— es el objetivo terapéutico real. El antibiograma por difusión es, en este sentido, una herramienta de tamizaje rápido y económico; la CIM es la herramienta de precisión para las decisiones clínicas más exigentes.

4Trampas de examen

TrampaPor qué confundeAclaración
Confundir CIM con CBMAmbas son concentraciones mínimas determinadas por métodos cuantitativos similaresLa CIM es la concentración mínima que inhibe el crecimiento visible (turbidez); la CBM es la concentración mínima que efectivamente mata a la bacteria — para un fármaco bacteriostático (capítulo IV.1), la CBM puede ser considerablemente más alta que la CIM, o incluso no alcanzable en el sitio de infección
Pensar que un halo de inhibición más grande en el Kirby-Bauer siempre significa "mejor antibiótico" en términos absolutosUn halo más grande parece indicar mayor efectividadEl tamaño del halo depende también de la capacidad de difusión propia de cada molécula de antibiótico en el agar, no solo de su potencia intrínseca contra la bacteria — la comparación válida es siempre contra los puntos de corte estandarizados para ese fármaco específico, no entre halos de distintos antibióticos entre sí

5Puntos clave

  • El estudio de sensibilidad es necesario porque la resistencia adquirida no es predecible de antemano, a diferencia de la resistencia natural.
  • Antibiograma por difusión (Kirby-Bauer): discos impregnados + halo de inhibición → categorización sensible/intermedio/resistente.
  • Técnicas cuantitativas: CIM (mínima concentración que inhibe) y CBM (mínima concentración que mata) mediante diluciones seriadas.
  • E-test: combina difusión en agar con lectura cuantitativa directa de CIM mediante gradiente de concentración en tira.
  • La CIM permite comparar contra la concentración real alcanzable en el sitio de infección, información que el antibiograma cualitativo no aporta directamente.